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sábado, 28 de noviembre de 2015

SE PUEDE CONTROLAR EL SENTIDO DEL GUSTO

En una nueva investigación se ha ideado y demostrado una técnica para conectar y desconectar a voluntad el sentido del gusto, activando y silenciando conjuntos de células cerebrales. Los resultados indican lo mucho que el sentido del gusto reside en el cerebro.

Mucha gente cree que percibimos los cinco gustos básicos con nuestra lengua, la cual entonces envía señales a nuestro cerebro para “decirnos” qué hemos degustado. Sin embargo, el mecanismo sensorial del sabor no funciona de manera tan simple, como se ha constatado en este estudio, realizado sobre ratones.Los receptores especializados del gusto en la lengua detectan los sabores básicos, pero en el fondo, los sabores están en el cerebro.

El objetivo principal es comprender cómo transforma el cerebro la detección de estímulos químicos en percepción. Tiempo se demostró que existen receptores especializados para cada sabor en la lengua, y que cada clase de receptor envía una señal específica al cerebro. Más recientemente, demostraron que cada sabor es sentido por grupos concretos de células cerebrales.

En el nuevo estudio, se utilizó optogenética, lo que permitió a estos científicos activar directamente neuronas específicas con luz láser. Un científico, del equipo de investigación, examinó si manipular las neuronas en estas regiones del cerebro puede suscitar la percepción de lo dulce o lo amargo, sin que el ratón estuviera saboreándolos realmente.

La imagen muestra el lugar de la zona cerebral encargada del sabor amargo (rosa) y la encargada del sabor dulce (verde) en el cerebro de ratón.

Esto es exactamente lo que observaron los investigadores. Cuando inyectaron una sustancia en los ratones para silenciar las neuronas del sabor dulce, los animales no podían identificarlo debidamente. Sí podían, sin embargo, detectar el sabor amargo. Los animales recuperaron su habilidad de detectar el sabor dulce la sustancia desapareció de su cerebro. Al contrario, silenciar las neuronas del sabor amargo evitó que los ratones lo reconociesen, pero aún podían saborear lo dulce.

FUENTE: noticias de la ciencia

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