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miércoles, 19 de octubre de 2016

LAS PROTEÍNAS SOBRECARGAN LA FUNCIÓN CARDÍACA

    Consumir leche artificial con un alto contenido proteico durante el primer año de vida tiene efectos sobre la función cardíaca que ya se hacen evidentes cuando el niño tiene solo dos años, debido al sobrepeso derivado de este tipo de alimentación.



      Así lo demuestra un estudio realizado por la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano del departamento de Medicina y Cirugía de la Universidad Rovira i Virgili. El trabajo, en el que han participado los investigadores Rosa Collell, Joaquín Escribano y Ricardo Closa, evaluó los efectos de diferentes tipos de leche en 141 niños durante el primer año de vida.

     Un grupo de 50 niños tomaron leche con alto contenido proteico (2 g/100 ml diarios en la leches de inicio y 3 g/100 ml en la de continuación). Otro grupo de 47 niños consumió leche de fórmula con bajo contenido proteico (1 g/100 ml al día en la leche de inicio y 1,5 g/100 ml en la de continuación). En el estudio también intervino un grupo control de 44 niños que se alimentaron de leche materna.

     Durante el segundo año de vida, a los niños se les hizo una ecocardiografía de control para observar, por un lado, la masa cardíaca y, por otro, la función del corazón. Aunque la masa cardíaca no presentó cambios significativos, sí se vieron diferencias en la función cardíaca.

     Si el niño pesa más, el corazón trabaja más y bombea más sangre. Si esto se mantiene a lo largo del tiempo, el corazón podría sufrir una sobrecarga y tener más riesgo de hipertrofia, y eso no es saludable”, afirma Escribano, uno de los coordinadores del estudio. Aquellos niños que durante el primer año de vida habían tomado leche con más proteínas tenían un índice de masa corporal más elevado y, por tanto, una sobrecarga cardíaca respecto a los niños alimentados con leche con menos proteínas y leche materna.

      Entre los niños que formaron parte de este trabajo no se detectaron casos de obesidad porque solo tenían dos años, aunque el incremento detectado en la función cardíaca “nos hace tener una idea de lo que puede pasar más adelante, añade el experto".

     El estudio forma parte del Proyecto de la obesidad infantil, del Proyecto de programación de nutrición Temprana  y del Proyecto sobre efectos de la nutrición temprana en la salud a largo plazo. Se trata de tres proyectos del V, VI y VII Programa marco europeo, en el que participa la Unidad de Investigación en Pediatría, Nutrición y Desarrollo Humano de la URV.

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