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jueves, 3 de noviembre de 2016

FACILIDAD PARA NEURONAS TRASPLANTADAS

Un estudio con ratones demuestra que estas células embrionarias se conectan con los circuitos preexistentes y reciben señales desde varias regiones de forma adecuada. Las neuronas embrionarias trasplantadas (rojas) establecen conexiones con las que ya existían en el cerebro del ratón (negras) y así reconstruyen circuitos.

El campo del trasplante neuronal, destinado a reemplazar neuronas perdidas en cerebros dañados por lesiones o enfermedades, ha recibido un nuevo impulso con la publicación de un artículo en la revista Nature que lo reafirma como una opción cada vez más realista.

Hasta la actualidad se sabía, por ejemplo, que trasplantes de neuronas fetales a adultos con Parkinson les permitieron mejorar sus síntomas clínicos. O que las células implantadas se desarrollan para mandar señales a sus vecinas autóctonas. Pero todavía no estaba clara una pregunta relevante: ¿Pueden las neuronas extraídas de embriones integrarse y llevar a cabo las mismas funciones que aquellas que se perdieron? Para eso, las recién llegadas no solo deben madurar, convertirse en ese mismo tipo de neuronas y conectarse con los circuitos preexistentes, sino que también deben recibir señales enviadas desde partes concretas del cerebro y participar en el procesamiento de los estímulos que les lleguen. La investigación que publica Nature, realizada con ratones, responde a la pregunta con un sí.

La clave para resolverlo fue llevar a cabo un detallado mapeo de las células trasplantadas: seguir exhaustivamente cómo se desarrollan, con qué vecinas se relacionan, desde dónde reciben mensajes y cómo reaccionan. Con este objetivo, los investigadores utilizaron durante varios meses desde sofisticadas técnicas de imagen hasta virus de la rabia modificados.

Estos métodos permitieron analizar cuál era la suerte de las neuronas que, primero, extrajeron de la corteza cerebral de embriones de ratón, y luego, implantaron en una zona lesionada de la corteza de ratones adultos: la corteza visual primaria, encargada de procesar gran parte de la información visual mandada desde la retina.

Integradas en menos de un trimestre


El seguimiento reveló que, durante las cuatro semanas posteriores al trasplante, la gran mayoría de células embrionarias fueron madurando y desarrollando sus sistemas de conexión hasta convertirse en un tipo de neuronas llamadas piramidales, que eran las que se perdieron a consecuencia de la lesión que los investigadores provocaron en la corteza visual de los ratones.

Además, a las cinco semanas estas nuevas neuronas ya recibían señales desde 20 regiones anatómicas del cerebro que habitualmente conectan con las piramidales autóctonas de la corteza visual. En este sentido, se detectó una conexión especialmente fuerte desde el llamado núcleo geniculado lateral dorsal, que transmite a la corteza visual la información mandada desde la retina.

En el mismo período de tiempo las recién llegadas fueron conectándose con las regiones cerebrales a las que las neuronas piramidales de la corteza visual mandan normalmente información. Y fueron ajustando su funcionamiento a los estímulos visuales de orientación y dirección de movimiento hasta que, pocas semanas más tarde, este funcionamiento fue equivalente al de las neuronas piramidales autóctonas.

Según concluye el artículo, después de entre dos y tres meses las neuronas trasplantadas están “plenamente integradas” y muestran propiedades funcionales que las hacen “indistinguibles” de aquellas a las que reemplazan. Por esto los autores consideran “realista” apostar por las terapias de reemplazo neuronal, al menos, dicen, cuando una parte suficiente de la red preexistente aún funcione correctamente.

Buena acogida, células adecuadas

“Es impresionante que las condiciones para que las recién llegadas se conecten correctamente sean buenas, pero pienso que no solo el ambiente necesita ser acogedor sino que las células trasplantadas deben tener características específicas para encajar bien”, explica a Big VangMagdalena Götz, coautora del estudio y quien desde la Universidad Ludwig-Maximilians de Múnich tuvo la idea de iniciar esta investigación.

Götz define a las neuronas escogidas como a unas “campeonas” porque ya en la etapa embrionaria tienen clara la zona concreta del cerebro hacia donde deben ir a trabajar. En este caso, se trata de dos de las capas más externas de la corteza cerebral.

Los siguientes pasos

Estos resultados abren nuevos retos, entre los cuales la investigadora destaca “encontrar fuentes de células que puedan reemplazar a las fetales”, como por ejemplo células madre pluripotentes o células reprogramadas en vivo , es decir, a las que se ha convertido en células madre siendo adultas. También, avanza Götz, el estudio que publica Nature es una “prueba de principio”, y el próximo paso es “usar modelos clínicos de lesión más relevantes”. De hecho, detalla, los ratones participantes en el estudio no sufrieron defectos visuales porque sus lesiones eran bastante pequeñas.

FUENTE: LA VANGUARDIA

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