EL YOGUR COMO PROTECTOR DEL SISTEMA DIGESTIVO

El yogur es, sin lugar a duda, uno alimento muy sano, sobre todo para los niños en edad de crecimiento y también para las personas mayores, debido a que aporta una gran cantidad de nutrientes, es muy rico en calcio y posee excelentes cualidades gastrointestinales.

El yogur natural es un alimento probiótico esencial con alrededor de 100 millones de bacterias y numerosas propiedades para nuestro organismo. El yogur es una leche fermentada que se obtiene a partir de la acción de diferentes bacterias (Streptococcus termophilus y Lactobacillus bulgaricus) que transforman una parte de la lactosa en ácido láctico y se produce un aumento de la consistencia por coagulación de sus proteínas.

Nuestro sistema digestivo está colonizado por toda una serie de bacterias que forman un grupo complejo llamado microbiota intestinal. Estas bacterias viven en simbiosis con nuestro intestino en un delicado equilibrio que puede verse afectado por la alimentación, el estrés, las enfermedades, o algunos medicamentos. El consumo de alimentos con probióticos mantiene este equilibrio.

Como hemos apuntado antes el yogur es un probiótico esencial y por lo tanto consumirlo ayudará a mantener la buena salud digestiva. “Los microorganismos que encontramos en el yogur son capaces de regenerar la flora intestinal. Además, las bífidus bacterias presentes en el yogur también estimulan el sistema inmunitario”, explica a La Vanguardia la nutricionista Marta Sanz.

El yogur, si no es desnatado, contiene grada (lípidos) concretamente 100 gramos de yogur natural son 2,5 gramos de grasa. El 60 % de estas grasas son ácidos grasos saturados, el 25% son ácidos monoinsaturados y ente el 2-5 % son ácidos poliinsaturados. También contiene azúcares o glúcidos (100 gramos de yogur natural aporta3,9 gramos). “El principal azúcar que encontramos es la lactosa, este azúcar solamente se encuentra en la leche. Para la digestión de la lactosa se precisa la lactasa, enzima segregada por las células de la mucosa intestinal” apunta Sanz. Pero la lactosa durante la fermentación del yogur se transforma en ácido láctico y esta acidez favorece el desarrollo de flora intestinal y ayuda a controlar la aparición de numerosas enfermedades intestinales como indigestiones, flatulencias, diarreas, etc.

También se tiene que destacar su contenido vitamina D (calciferol) muy importante para los niños. Esta favorece la absorción del calcio y del fósforo en los huesos. La falta de esta vitamina produce deformación en los huesos.

FUENTES: LA VANGUARDIA

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