EL SEXO LÉSBICO DE LAS LAGARTIJAS

Las lagartijas cola de látigo que habitan entre México y el sudoeste de Estados Unidos, se las arreglan solas para tener descendencia sin fertilización masculina. Se trata de una concepción virginal llamada partenogénesis. Aunque es poco común entre vertebrados, animales tan dispares como los dragones de Komodo y ciertos tiburones martillo también pueden reproducirse en ausencia de machos.

Algunas especies de lagartijas cola de látigo, siendo todas hembras, no tienen otra opción para procrear su especie. Curiosamente, prescinden de la cópula pero no del ritual de apareamiento. Dicho de otro modo, practican sexo lésbico. Una de ellas, gobernada por un subidón de progesterona, hace de macho y monta a la otra, a la vez, que la muerde con determinación y sangre fría. Aparentemente, un acto sexual sin fines reproductivos. No obstante, estudios científicos han demostrado que las hembras montadas son más fértiles que las célibes. Parece ser que la castidad es peor opción y que fingir la cópula estimula la ovulación. Esta actuación sexual viene de herencia, son comportamientos reminiscentes de sus antecesores fornicadores.

Las especies de lagartijas en las que solamente hay hembras se originan por hibridación. Dos especies distintas de cola de látigo se cruzan dando a luz a una tercera. Según la definición clásica los híbridos son estériles, pero en este caso se desencadena la partenogénesis: las hembras empiezan a autorreplicarse. Partiendo de una sola madre, eclosión tras eclosión, puede alzarse una horda de amazonas reptilianas. Una estrategia que les permite extenderse y conquistar nuevos hábitats. Por contra, los organismos genéticamente idénticos son más vulnerables; una enfermedad o un cambio ambiental pueden acabar con todos ellos.

 Pero estas pequeñas lagartas tienen un as bajo las escamas. En la formación de los óvulos, pueden combinar cromosomas hermanos en vez de cromosomas homólogos. Este inusual emparejamiento les proporciona diversidad genética, es decir, no son estrictamente clones. En resumen, las hembras híbridas se llevan lo mejor de cada casa: variedad y autorreplicación. Además, llegado el momento, tampoco reniegan del sexo opuesto.

A veces, entre una hembra híbrida y un macho de otra especie hay química. Del romance mestizo, a su vez, puede surgir otra especie híbrida. Las mezclas de mezclas tienen dotaciones cromosómicas muy extrañas con tres juegos completos de cromosomas, incluso cuatro.

Los descubridores, el Dr. Peter Baumann y el Dr. William B. Neaves quisieron imitar a la naturaleza en el laboratorio haciendo diferentes descubrimiento con especies. En el 2008, aparearon un macho de Aspidoscelis inornata y a una hembra de Aspidoscelis exsanguis. De la suma cromosómica del espermatozoide y el óvulo, uno más tres, surgió una nueva especie, a la que apodaron Aspidoscelis neavesi, con cuatro juegos de cromosomas. Normalmente, las células sexuales tienen la mitad de cromosomas que el resto de las células, pero las hembras híbridas se saltan la norma y tienen los mismos, de ahí, las posibles de tener la mismas combinaciones.

Gracias a la duplicación cromosómica extra, las lagartijas híbridas pueden recombinar cromosomas hermanos y tener como mínimo el mismo juego de cromosomas que sus progenitores sexuales. A su vez, de estos, al ser especies diferentes, heredan un repertorio genético rico ya al inicio del nuevo linaje. Entre una cosa y la otra, la variedad de lagartas, en ningún caso, está en juego. Las lagartijas cola de látigo ejemplifican cuál es el sexo débil; las hembras tienen el poder de la perpetuación. Los machos no son necesarios ni para la reproducción ni para el sexo ni para la diversidad genética. Su matriarcado honra a las amazonas, sacude los cimientos de la sexualidad y tambalea la definición de especie.

Fuente de información: EL PAÍS
                                       DMAX

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