RanaMundo

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domingo, 9 de noviembre de 2014

EL PEZ QUE CAMINA.

A lo largo de millones de años ella ha operado sobre la faz de la Tierra. No vemos cómo actúa. No podemos ser testigos de ello, ya que la evolución opera en períodos de tiempo enormemente extensos. Sin embargo, ocurre. Producto de su accionar, maravillosas criaturas existen hoy en el Planeta, algunas de las cuales podríamos considerar como “errores” o “incoherencias”, según nuestra forma de explicar las cosas. Aves que no vuelan, anfibios con branquias para toda la vida, ballenas con colmillos, entre tantas otras. Dentro de este grupo está nuestro protagonista de hoy: un pez que “camina” sobre el fondo marino.



Se trata de Brachionichthys hirsutus, el pez manchado con “manos”, que posee un patrón natural de manchas o rayas y dos pares de aletas con forma de “manos” (ventrales y pectorales) que le permiten desplazarse por el fondo marino en busca de presas como gusanos y crustáceos.

Brachionichthys hirsutus, al igual que otros peces también nada, y para ello utiliza las aletas impares o ‘medias’ como la caudal y la anal. Dentro del mismo género, Brachionichthys, se estima la existencia de al menos 8 especies, de las cuales solo 5 han sido descriptas.

Con tan solo 10 a 15 cm de longitud, este particular pez marino es una especie bentónica que habita los fondos arenosos y limosos en profundidades de entre 1 y 60 metros. Es endémico de los estuarios del sudeste de Australia y de las aguas de Tasmania. Y si bien hoy solo habita estos lugares, se piensa que hace 50 millones de años “caminaba” en todos los océanos del mundo.

En referencia a sus relaciones de parentesco o filogenia, este pez pertenece al orden de los Lophiiformes, dentro del que se encuentran también los rapes (anglerfishes). Este orden es conocido por su característico método predador. Sus miembros poseen una punta carnosa o apéndice en la cabeza que utilizan para atraer a sus presas, a modo de señuelo.

En comparación con muchas otras especies, la hembra del pez manchado produce un número relativamente pequeño de huevos; alrededor de 80 a 250, y suele colocarlos como una masa interconectada alrededor de estructuras semirrígidas unidas al fondo del mar, como los tallos de ascidias (unos animales fijos al fondo parecidos a las esponjas). Luego del cortejo con el macho y la fecundación, las hembras permanecen junto a los huevos a modo de guardianas durante siete a ocho semanas, hasta que se produce la eclosión de los juveniles.

A diferencia de la mayoría de los peces marinos, estos peces carecen de una etapa larval y los organismos eclosionan como juveniles totalmente formados. Después de la eclosión, los juveniles se mueven al fondo del mar y se mantienen dentro de un área relativamente pequeña durante toda su vida. Esto tiene dos importantes consecuencias. En primer lugar, las colonias pueden ser relativamente aisladas (es decir, la mezcla entre ellos está restringida), así, una reducción en el éxito del desove puede afectar gravemente a una colonia. Y en segundo lugar, la capacidad del “handfish” para recolonizar zonas de las que ha sido desplazado es muy baja.







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