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martes, 1 de diciembre de 2015

LIDERAZGO EN LA MANADA

La construcción de un líder parece fácil. Los partidos políticos tradicionales han resuelto el problema con solo un 1% de los músculos del cuerpo: los que se requieren para mover el dedo índice. ¿pero recuerda el lector lo que le costó al 15M elegir a un jefe? ¿O simplemente admitir que había que tener uno? ¿Y es cierto que Pablo Iglesias acabó haciéndose con ese puesto gracias a un programa de televisión? ¿O fue su labia y su coleta las que lograron el prodigio? ¿Y por qué baja tanto en las últimas encuestas? No será que usted preferiría votar a Errejón, ¿no? Demasiadas preguntas, amigos. Y, cuando no se entiende nada del comportamiento del Homo sapiens, lo mejor suele ser mirar a otras especies que llevaban millones de años enfrentándose a los mismos problemas, y que aparentemente los han resuelto bastante bien. ¿Es usted de los que creen que los humanos somos esencialmente diferentes de las hienas, los elefantes y las suricatas? ¡Ja! Siga leyendo y aprenda algo de los maestros.

La familia Bush, como antes el clan de los Kennedy, parecen indicar que hay factores genéticos en el liderazgo, y eso por no hablar de las monarquías antiguas y modernas. Y lo cierto es que esto es exactamente así en las sociedades de hienas y en la tribu de los Nootka, unos indios de la costa noroccidental de Canadá. Pero las hienas y los indios canadienses son tan excepcionales como las monarquías: en el resto de los mamíferos, el liderazgo hay que ganárselo con talento y experiencia. Los genes no ayudan mucho.

Los humanos, por cierto, somos verdaderamente picajosos con nuestros líderes, al menos en comparación con el resto del mundo animal. Los líderes de las demás especies sociales de mamíferos se pueden describir sin complejos como dictatoriales, y ejercen un poder despótico sobre su grupo. Los líderes humanos son efímeros y prescindibles, comos se puede comprobar no ya en las democracias –donde la eternidad se mide en múltiplos de cuatro años—, sino también en las dictaduras del mundo árabe o del África subsahariana.

“Mientras que las investigaciones anteriores solían partir de la premisa de que el liderazgo es intrínsecamente diferente, o más complejo, en los humanos que en los demás mamíferos”, dice la evolucionista Jennifer Smith, del Mills College en Oakland, California, “nosotros hemos empezado sin ninguna preconcepción acerca de ello”. Y el resultado, ya se imaginan, es que hay muchas más similitudes de lo que se pensaba entre los líderes humanos y los que caminan a cuatro patas. Desde Copérnico, la historia de la ciencia es la historia de nuestra expulsión del Paraíso. Triste condición humana.

La investigación arranca de ua reunión de evolucionistas, antropólogos, psicólogos experimentales y matemáticos reunidos en abril en el Instituto Nacional de Síntesis entre Biología y Matemáticas, en la Universidad de Tenessee, Estados Unidos, y publicado ahora enTrends in Ecology and Evolution, una publicación científica de referencia en el campo. El trabajo se titula “El liderazgo en las sociedades de mamíferos”, y sí, nosotros pertenecemos a esa categoría, mal que nos pese.

Las similitudes entre el líder humano y el elefantino no son tan sorprendentes, después de todo.
Gran parte de los mecanismos cognitivos es decir, gran parte de la estructura innata del cerebro ,son comunes a todos los mamíferos: la dominancia y la subordinación, la capacidad para formar alianzas y el proceso de formación de decisiones están más condicionados por la biología de lo que nos gustaría creer. A menudo los resultados ocupan las primeras páginas de los periódicos.


A quienes quieran organizar una sociedad de manera inteligente y justa, los genes no les van a ayudar mucho. Será mejor que viajen, estudien politolología en una universidad cosmopolita y lean a los grandes pensadores. Caer en la biología de la estepa, el racismo y la exclusión no parece una gran idea, por más que se empeñen las hienas.

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