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jueves, 20 de noviembre de 2014

DESCUBREN UNA PIEZA COMÚN DEL RELOJ BIOLÓGICO EN PLANTAS Y HUMANOS



Un grupo de científicos demostró que los relojes biológicos de las plantas y de los seres humanos tienen en común una pieza sin la cual no podrían adaptar sus funciones fisiológicas a lo largo del día y de las estaciones. Entre los ritmos regulados por ese mecanismo se destacan los ciclos de sueño vigilia en las personas y los ritmos en la posición de las hojas.

“Cuando analizamos la información que generábamos en experimentos con células de plantas y de humanos en cultivo nos sorprendió descubrir que sus relojes biológicos comparten un mecanismo clave para que su engranaje funcione correctamente”, afirmó el doctor Marcelo Yanovsky, investigador del CONICET y jefe del laboratorio de Genómica Vegetal del Instituto Leloir, en la ciudad de Buenos Aires (Argentina).



Los científicos encontraron que los genes LSm, en particular LSm5, son fundamentales para el funcionamiento del reloj biológico de plantas y mamíferos, incluidos los seres humanos. “Cuando estos genes se alteran, los relojes circadianos en ambos sistemas se enlentencen y dan ritmos en procesos que se repiten cada 26 o 27 horas en lugar de las clásicas 24 horas”, explicó el investigador.

Asimismo, Yanovsky y sus colegas demostraron que ambos genes actúan como “directores de orquesta” y juegan un papel clave en el proceso conocido como “splicing alternativo”, mediante el cual se procesan miles de genes en forma rítmica para así impactar en múltiples procesos biológicos en forma coordinada.

Comprender los mecanismos que regulan los ritmos biológicos en plantas es clave para disponer de más herramientas genéticas que permitan optimizar el crecimiento y desarrollo de cultivos en distintas regiones geográficas, en particular en distintas latitudes. En animales, entender los mecanismos de regulación de los ritmos biológicos puede ser importante para atenuar los síntomas de enfermedades vinculadas al mal desempeño de los relojes, como ciertos síndromes del sueño, afirmó Yanovsky. “Sin embargo, nuestro hallazgo todavía está lejos de impactar sobre aplicaciones concretas en temas agropecuarios o de salud”, aclaró.







 

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