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miércoles, 22 de abril de 2015

ABEJAS ''ADICTAS'' A LOS INSECTICIDAS

El número de abejas está disminuyendo alarmantemente. El colapso de las colmenas preocupa a los científicos que apuntan a los insecticidas neonicotinoides, que en este momento están sometidos a una moratoria en la Unión Europea para su uso en el tratamiento de semillas. Ni las abejas ni los abejorros son capaces de distinguir por el sabor los tres insecticidas neonicotinoides más utilizados, por lo que no tienen manera de evitarlos. Con ello corren el riesgo de envenenarse cuando recolectan néctar contaminado. Prefieren una solución azucarada que los contienen estos pesticidas, que actúan a nivel del sistema nervioso central, frente a otra “limpia” que solo contenía agua azucarada.Según los autores del estudio, la razón de la preferencia de los insectos por esas sustancia perjudicial es la misma por la que algunas personas se enganchan al tabaco. Los receptores para los neonicotinoides actúan en el cerebro de las abejas de forma similar a la nicotina en el cerebro humano, señalan. “Que las abejas tengan preferencia por la comida que contiene estos insecticidas sugiere que, como en el caso de la nicotina, los neonicotinoides podrían actuar como una droga que hace a ese alimento más recompensante”, explica Geraldine Wrighy, que dirige el estudio. Y si las abejas prefieren alimentarse de néctar contaminado los insecticidas podría tener un efecto negativo en las colmenas y poblaciones de abejas.


Un punto fuerte del estudio es que las concentraciones de insecticidas que se ofrecían a las abejas era comparable a la que se encuentra en el néctar y polen de los cultivos tratados con estos insecticidas. Esta era precisamente una de las críticas que se hacían a estudios previos, el uso de los pesticidas en cantidades muy superiores a las que se utilizan en el campo.


Otra de las objeciones a los estudios que apuntan a estos insecticidas como sospechosos de causar o contribuir al colapso de las colmenas es que se hacían en condiciones de laboratorio muy artificiales. El otro estudio publicado en “Nature” desmonta esa crítica y mide el impacto de la exposición a estos pesticidas en abejas cuyo área de campeo está próxima a cultivos de colza tratados con ellos. El trabajo, el más extenso realizado hasta la fecha, incluye 16 cultivos del sur de Suecia. Ocho de los cultivos procedían de semillas tratados con un neonicotinoide (clotianidina) y un piretroide (ciflutrina). En los otros ocho, el insecticida utilizado fue únicamente el piretroide.


Los investigadores de este segundo estudio vieron el efecto sobre abejas y abejorros, siguiendo a colonias enteras e inspeccionando también las abejas silvestres de los campos cercanos. En los campos tratados con insecticidas había menos abejas silvestres y observaron una tasa de reproducción menor en las colonias de abejorros, con menos machos y menos reinas), comparado con los campos no tratados con los neonicotinoides.


Sin embargo no había diferencias significativas entre las en las colonias de abejas que creían en ambos campos, tratados o no

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