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miércoles, 16 de diciembre de 2015

SECRETOS DEL DOLOR.

En el planeta hay unos pocos centenares de personas que no sienten el dolor. Una serie de raras mutaciones impiden que su sistema nervioso detecte las señales de alerta de una quemadura o un rasguño. Ahora, un experimento con ratones genéticamente modificados promete aprovechar su sufrimiento indoloro para lograr el analgésico definitivo.
El dolor físico es uno de los principales mecanismos de defensa del organismo.



Cuando alguna parte del cuerpo sufre una agresión que puede hacer peligrar su integridad, se produce un torrente de señales electroquímicas en las fibras nerviosas. Estas señales viajan por medio de unas proteínas llamadas canales de sodio (cuyo símbolo químico es Na). Hay hasta nueve diferentes que atraviesan la membrana de las células nerviosas y en la jerga científica se los conoce como como los canales Nav1.x). Al menos tres de ellos tiene que ver con el dolor.Al superar un determinado umbral, el punto en el que el tejido se quema (térmico) o se rompe (mecánico), por ejemplo, las neuronas de los sistemas nerviosos periférico y simpático liberan una pequeña cantidad de sodio. La carga de este metal alcalino se ve amplificada por los canales de sodio y llega así hasta el cerebro y la médula espinal, encargados de modular la sensación de dolor. Sin embargo, alguna personas son analgésicas de nacimiento. En 2006, investigadores de la Universidad de Cambridge descubrieron las causas genéticas de este trastorno. En unos casos, los afectados portan una mutación del gen encargado de codificar el canal Nav1.9 que lo hiperactiva hasta bloquearlo. En otros, el gen mutado desactiva el canal Nav1.7.
Lo que ha hecho ahora otro grupo de investigadores británicos ha sido volver a reactivar el canal Nav1.7 para recuperar la sensación de dolor. Y sus razones para hacerlo son las mejores. Les borraron el gen SCN9A, que codifica este canal, a un grupo de ratones. Como sucede con los humanos con esta mutación, comprobaron que se volvían insensibles al dolor. Pero el cómo se produce esta insensibilidad es más complejo de lo que se creía.
Cuando se descubrió el rol de estos canales, los más optimistas creyeron que era el fin del sufrimiento, bastaría con desarrollar una sustancia que los bloqueara. Pero, aún hoy, el único medio para aliviar el dolor realmente agudo son la morfina y otros opiáceos naturales o sintéticos. Lo malo es que, además de su acción generalizada y la intensa sedación, a largo plazo se acaba desarrollando dependencia y tolerancia. Sin embargo, las personas que tienen su Nav1.7 desactivado, aunque deben tener mucho cuidado con las lesiones, llevan una vida relativamente normal. El único efecto añadido es que sufren de anosmia o incapacidad para oler. Esto se debe a que el canal Nav1.7 también está presente en las neuronas olfativas y cuando falta, se pierde el sentido del olfato.
"Después de una década de decepcionantes ensayos clínicos, ahora tenemos la confirmación de que Nav1.7 es el elemento clave en el dolor humano", dice el profesor de medicina del University College de Londres (UCL) y principal autor de la investigación, John Wood. "El ingrediente secreto ha resultado ser un viejo conocido, los péptidos opioides", añade este experto en neurobiología. En efecto, los científicos comprobaron que los ratones con la mutación que desactiva este canal mostraban una elevada generación de encefalinas, un péptido (una endorfinas) que actúa como analgésico natural del sistema nervioso.
                                      

                                                                        FUENTES

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