MECANISMO PARA REGENERAR TEJIDOS

Un equipo de investigadores del Departamento de Genética y del Instituto de Biomedicina de la Universidad de Barcelona ,ha demostrado en tejidos de la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster) que las células que entran en muerte celular sufren un estrés oxidativo que beneficia la regeneración. De hecho, este estrés actuaría como señal para que las células de alrededor del tejido dañado inicien la división celular para sustituir las células afectadas por unas nuevas.

El trabajo ha sido publicado en la revista científica PLOS Genetics y se ha realizado junto con el grupo del investigador Marco Milán, del Instituto de Investigación Biomédica (IRB). Los expertos consideran que este hecho supone un gran avance para entender la regeneración celular.

El estudio se realizó en epitelios de Drosophila. Los investigadores demostraron que el estrés oxidativo inicial viene dado por una explosión de especies reactivas de oxígeno (ROS), unas moléculas muy pequeñas que se forman como resultado del metabolismo normal del oxígeno y que, en niveles excesivos y sostenidos, pueden llegar a dañar las estructuras celulares. “En este contexto, los antioxidantes, que se consideran beneficiosos para la salud ya que evitan el estrés celular excesivo, serían contraproducentes en las fases iniciales, ya que bloquearían la producción de ROS y la subsecuente activación de JNK y p38, impidiendo la regeneración de tejidos”, explica Serras.

En este punto, los investigadores consideran que el objetivo, ahora, sería conseguir compuestos que actúen como antioxidantes en fases iniciales de la regeneración y que se desactiven en fases posteriores. De esta manera, apuntan los expertos, se podría facilitar la cicatrización y poner en marcha la recuperación de tejidos dañados por enfermedades o por accidentes. “El siguiente paso de la investigación será testar en tejidos biológicos un aumento de la capacidad reparadora, de forma que se pueda inducir a regenerarse tejidos que no lo hagan, gracias a la activación de esas quinasas dependientes de estrés, o bien por activación de genes que ahora sabemos que responden al estrés”, concluye Serras.

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