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jueves, 3 de noviembre de 2016

NEURONAS AVENTURERAS DE LOS BEBÉS

Descubren una migración masiva de células desde el interior del cerebro hasta la parte delantera en los primeros meses de vida. Después de nacer y hasta los siete meses de vida, miles de neuronas se desplazan desde el interior del cerebro humano hacia su lóbulo frontal, que se encuentra a la delantera, protegido en buena parte por la frente.

Este gran movimiento migratorio, que hasta el momento solo se había constatado en embriones, ha sido descubierto por un grupo internacional de investigadores y publicado en la revista Science. El hallazgo abre la puerta a valorar si déficits cognitivos asociados a la epilepsia o a trastornos del espectro autista tienen su origen en la etapa posnatal. A su vez, contribuye a explicar el gran volumen del lóbulo frontal de los humanos modernos, que es uno de los sellos distintivos de nuestro cerebro y está relacionado con el comportamiento social y la toma de decisiones.

Los científicos, un equipo multidisciplinario de las universidades de California en San Francisco y de Valencia, así como del Hospital La Fe, basaron su trabajo en un banco de muestras procedentes de bebés y niños fallecidos, con las que pudieron analizar tejido cerebral de diferentes edades. Se centraron en la capa que tapiza externamente las cavidades del cerebro por donde circula el líquido cefalorraquídeo. Una capa que, durante el desarrollo embrionario, da origen a las neuronas que van construyendo la estructura cerebral, y que después del nacimiento sigue suministrando células a un área que procesa los estímulos olfativos. Lo que el grupo quería investigar es si esta capa también suministra neuronas al lóbulo frontal.

Para explorarlo, utilizaron técnicas de tinción, de microscopía electrónica y de resonancia magnética. Y el resultado fue claro: en los cerebros de bebés de hasta tres meses de vida, la migración hacia el lóbulo frontal es masiva, de miles de células. Continúa hasta los siete meses y luego empieza a decrecer hasta que a los seis años ha desaparecido por completo.

Viaje en cadena o por andamios

Los investigadores observaron que, dispuestas como un arco, estas neuronas viajeras son jóvenes y maduran progresivamente después de llegar a la corteza del lóbulo frontal. El camino lo hacen de dos maneras: o dibujando una especie de cadenas, como largas carreteras, o subiéndose a andamios formados para vasos sanguíneos y otras células. Pero, ¿cuál es su papel una vez allí, teniendo en cuenta que el lóbulo frontal está muy relacionado con la conducta social y las decisiones?

Formación de circuitos y aprendizaje

“Lo que hasta ahora sabemos es que estas células, al madurar, están involucradas en la formación de circuitos y en el aprendizaje. Pero es como si el cerebro las sembrara para que maduren lentamente y den plasticidad al desarrollo infantil en el momento en el que se necesite”, explica a Big Vang el doctor Arturo Álvarez-Buylla, responsable del laboratorio que ha liderado el proyecto, desde la Universidad de California en San Francisco. “Como investigador, lo que me apasiona es observar que pequeñas neuronas aventureras migran enormes distancias en un cerebro complejo como el que ya es el de un recién nacido”, subraya.

“Cuando un bebé nace, tiene todo un mundo que percibir: lo que ve, lo que oye… Son muchos estímulos sensoriales para los que su cerebro va ajustando la respuesta con el tiempo. Y las neuronas que hemos encontrado tienen una función inhibitoria, por lo que deben de participar en el ajuste haciendo de contrapeso a las excitatorias”. Lo apunta Sara Gil-Perotin, investigadora del Hospital La Fe de Valencia, que junto al profesor José Manuel García Verdugo de la Universidad de Valencia es una de las coautoras del artículo.

También, teniendo en cuenta que esta migración implica a miles de neuronas, para los investigadores parece claro que contribuye al gran volumen del lóbulo frontal de los humanos modernos, muy considerable ya en el momento de nacer.

Cerebros delicados

Además del avance que supone para la investigación básica, en el ámbito clínico conocer la existencia de esta migración masiva de neuronas en el cerebro de los bebés ratifica su delicadez, especialmente en los tres primeros meses. Incluso abre la puerta a plantearse si enfermedades como la epilepsia o trastornos como los del espectro autista, tradicionalmente asociados a la alteración de la migración de neuronas en el tercer trimestre del embarazo, podrían originarse también después del parto.

“Por nuestra parte, como investigadores básicos, continuaremos explorando el cerebro, ahora centrándonos en regiones posteriores, muy relacionadas con las conductas emocionales de los humanos”, avanza Álvarez-Buylla.

FUENTE: LA VANGUARDIA

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