HALLAN UNA CRIATURA MARINA PERDIDA DESDE HACE UN SIGLO

Los larváceos son animales marinos muy comunes, pero la mayoría de las personas nunca han oído hablar de ellos. Acostumbran a ser solitarios y vivir lejos de las costas. Miden por lo general menos de un centímetro de longitud, pero algunos «gigantes» crecen hasta nueve. Son los que prefieren la oscuridad de los fondos marinos. En 1900 un científico identificó el primer larváceo gigante y lo dibujó con detalle. Lo nombró Bathochordaeus charon, en honor a Caronte, el barquero de la mitología griega que transporta las almas de los muertos por la laguna Estigia. Pero entonces este animal desapareció, envuelto en sombras tan profundas como el mismo Hades.

No ha sido hasta ahora, un siglo más tarde, que los científicos del Instituto de Investigación del Acuario de la Bahía de Monterey (MBARI) en California (EE.UU.) han sacado a la luz a esta criatura cuando tomaban unas muestras rutinarias.

«Lo sorprendente es que fueran capaces de recoger un animal en la década de 1890 utilizando la tecnología de la época y encima fueran capaces de hacer un gran dibujo», dice Rob Sherlock, investigador de MBARI. Desde esa vieja ilustración, los científicos se han esforzado por identificar otro espécimen que tuviera las características que se ajustan al Bathochordaeu. La falta de resultados arrojaba dudas sobre la exactitud de la descripción original, y la confusión ha persistido, lo que ha llevado a muchos científicos a cuestionar la certeza de B. charon como especie.

«En muchos sentidos, sabemos mucho más sobre la Luna que acerca de la vida en el océano», dijo Sherlock. El investigador y su equipo están interesados en larváceos debido al importante papel que estos animales juegan en el transporte de los alimentos en las profundidades del mar. El ejemplar gigante se recogió durante una inmersión típica usando un vehículo de control remoto. Cerca del final de la inmersión, en la sala de control del robot, Sherlock observó cómo el animal aparecía en pantalla y pidió a los pilotos del instrumento que pararan y lo recogieran. De vuelta en el laboratorio, Sherlock pudo observarlo bajo el microscopio. Tenía unos nueve centímetros, era excepcionalmente grande. Al principio Sherlock estaba desconcertado porque no se veía bien. Entonces se dio cuenta de que el animal era un B. charon. «¡Lo encontramos! ¡Sí existe!», gritó emocionado a sus colegas. Ellos echaron un vistazo... y estuvieron de acuerdo.

Parte de la confusión se debe a que estos animales frágiles no son fáciles de detectar. «En MBARI tenemos la suerte de poder contar con pilotos muy cualificados, utilizando vehículos teledirigidos y equipos modernos de muestreo avanzado», se orgullece Sherlock.

Después de este avistamiento, la investigadora Kristine Walz, también de MBARI, ha revisado 25 años de vídeo archivado de aguas profundas, en busca de larváceos similares. Y ha encontrado doce observaciones más de estos animales. Como dicen los investigadores, a veces sólo se necesita echar un vistazo más de cerca para ver lo que ha estado ahí desde el principio.

Fuente: ABC

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