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martes, 4 de abril de 2017

LA SERPIENTE PEQUEÑA QUE SE COME A LA SERPIENTE GRANDE

Las serpientes reales Lampropeltis son capaces de atrapar y comerse a serpientes que son más grandes que ellas. Un equipo de investigadores ha descubierto cómo lo hacen. El conocido dicho de “el pez grande se come al chico” no se cumple si hablamos de serpientes. 

En el caso de los ofidios existen algunas especies, como la serpiente real, que son capaces de capturar y devorar a otras serpientes constrictoras más grandes que ellas mismas.

Para conocer cómo lo hacen, el equipo de David Penning y BradMoon realizó una serie de pruebas y mediciones cuyos resultados publican ahora en The Journal of Experimental Biology.

Los científicos midieron la capacidad de escape y la anatomía muscular de las serpientes reales y de las víboras ratoneras (una de las especies que se comen las primeras pero que cazan del mismo modo) en busca del mecanismo que les permitiera entender esta situación.

Pero por muchas pruebas que hicieron no encontraron nada que explicara cómo una serpiente constrictora podía acabar con otra serpiente constrictora de mayor tamaño. Sus músculos eran similares, al igual que sus estrategias de escape y apresamiento.

Sin embargo, cuando empezaron a hacer pruebas sobre la fuerza de constricción saltó la sorpresa. Los autores midieron la fuerza de 182 ejemplares de seis especies de serpientes y descubrieron que la tres especies de serpientes reales compriman a sus víctimas con presiones significativamente mayores que las demás. Su capacidad para estrujar a la presa era tal, explican, que duplicaba la fuerza necesaria para colapsar el sistema circulatorio de los ratones.

Con todos estos datos, los científicos concluyen que las serpientes reales son capaces de comerse a serpientes más grandes debido a su capacidad para ejercer más presión y a un mecanismo de enroscado que las hace mas eficientes que otras especies a las que son capaces de devorar pese a la diferencia de tamaño.

“No sabemos cómo de frecuentes son este tipo de ataques en la naturaleza”, explica Penning a Next, “pero hay casos documentados de serpientes reales comiéndose a otras serpientes más grandes que se remontan a 1893”. La mayoría de trabajos sobre estos mecanismos se centran en cómo las serpientes cazan y matan mamíferos, pero su estudio, señala, se centra en un asunto más complejo. Para medir la fuerza de constricción, relata, utilizaron ampollas rellenas de líquido que colocaron en las presas. “Cuando la serpiente presionaba a su presa también activaban un sensor de presión que nos permitía medir cuánto apretaban a su presa”.

FUENTE: Voz pópuli

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