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miércoles, 21 de noviembre de 2012

MEDITACIÓN PRODUCE CAMBIOS EMOCIONALES EN EL CEREBRO


Un nuevo estudio ha encontrado que la participación en un programa de meditación de ocho semanas puede tener efectos cuantificables sobre el funcionamiento del cerebro, incluso cuando una persona no se encuentra meditando. En el estudio, publicado en la edición de noviembre de Human Frontiers in Neuroscience, los investigadores del Hospital General de Massachusetts (MGH), de Boston University (BU), y de otros centros de investigación, también encontraron diferencias en esos efectos, dependiendo del tipo específico de la meditación practicada.
 “Los dos tipos diferentes de meditación, que practicaron los participantes del estudio, produjeron algunas diferencias en la respuesta de la amígdala – una parte del cerebro conocida desde hace décadas por ser de importancia para las emociones – a imágenes con contenido emocional”, dijo Gaëlle Desbordes, autora principal e investigadora del MGH y de BU. “Esta es la primera vez que se ha demostrado que la meditación afecta el proceso emocional del cerebro fuera de un estado de meditación”, añadió.
Varios estudios anteriores han apoyado la hipótesis de que la meditación mejora la regulación emocional de los practicantes. Aunque los estudios de neuroimagenología han encontrado que la meditación parecía disminuir la activación de la amígdala, esos cambios se observaron sólo mientras los participantes se encontraban meditando. El presente estudio fue diseñado para probar la hipótesis de que la meditación también puede producir una reducción generalizada de la respuesta de la amígdala a los estímulos emocionales, cuantificables mediante imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI).
 Crédito: Pixabay (Gerd Altmann).
Los participantes se habían inscrito en una investigación más amplia sobre los efectos de dos formas de meditación. Los adultos sanos, que no tenían experiencia experiencia en meditación, participaron en cursos de ocho semanas, ya sea en meditación de atención consciente – la forma más estudiada que se centra en el desarrollo de la atención y la conciencia de la respiración, los pensamientos y las emociones – y la meditación compasiva, una forma menos estudiada que incluye métodos diseñados para desarrollar la misericordia, así como la compasión por uno mismo y por los demás. Un grupo de control participó en un curso de ocho semanas de educación sobre la salud.
Tres semanas antes de empezar, y tres semanas después de completar el curso, a doce participantes de cada grupo se les practicó un análisis por resonancia magnética funcional del cerebro. Loa análisis se realizaron mientras los voluntarios veían una serie de 216 imágenes diferentes – 108 por sesión – de personas en situaciones, ya sea con contenido emocional positivo, negativo o neutral. En las instrucciones dadas, no se mencionó la meditación, y los investigadores confirmaron que los voluntarios no habían meditado durante el examen. Los participantes también completaron evaluaciones sobre síntomas de depresión y ansiedad, antes y después de los cursos.
En el grupo de atención consciente, las imágenes cerebrales posteriores al curso mostraron una disminución de la activación en la amígdala derecha, en respuesta a todas las imágenes, que apoya la hipótesis de que la meditación puede mejorar la estabilidad emocional y la respuesta al estrés. En el grupo de meditación compasiva, la actividad de la amígdala derecha también se redujo en respuesta a imágenes positivas o neutrales. Sin embargo, entre aquellos que practicaron la meditación compasiva con más frecuencia fuera de las sesiones del curso, la actividad de la amígdala derecha tendió a aumentar en respuesta a las imágenes negativas, que contenían alguna representación de un tipo de sufrimiento humano. No se observaron cambios significativos en el grupo de control, o en la amígdala izquierda de los participantes del estudio.
“Creemos que estas dos formas de meditación cultivan diferentes aspectos de la mente”, explicó Desbordes. “Puesto que la meditación compasiva estaba diseñada para mejorar los sentimientos compasivos, tiene sentido que haya aumentado la respuesta de la amígdala ante imágenes de sufrimiento. El aumento de activación de la amígdala también se correlacionó con puntuaciones reducidas de depresión en el grupo de meditación compasiva, lo que sugiere que tener más compasión hacia los demás, también puede ser beneficioso para uno mismo. En general, estos resultados son consistentes con la hipótesis general de que la meditación puede provocar cambios duraderos y beneficiosos en la función cerebral, especialmente en el área del procesamiento emocional “.

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