TEJIDOS GRASOS DE 48 MILLONES DE AÑOS HALLADOS EN UN FÓSIL DE AVE

Un equipo de investigadores de EE.UU, Irlanda, Alemania y Reino Unido, encuentra evidencia de la preservación de una glándula sebácea de un ave fosilizada de 48 millones de años de antigüedad. En su artículo publicado en Proceedings of the Royal Societyexplican dónde se encontró el fósil y cómo se probó. Se sugiere la posible presencia de este tejido blando en otros fósiles de  aves mostrados en museos.

Encontrar tejido blando preservado junto con restos fosilizados de criaturas muertas hace bastante tiempo, es bastante raro; el tejido por lo general se descompone con bastante rapidez, pero a veces las condiciones son las adecuadas para la preservación de estos tejidos. Esto es lo que descubrió el grupo de investigadores en Alemania, cuando examinaban el fósil de esta ave.

Al examinar estos restos, el equipo descubrió una estructura cerca de donde habían estado las plumas de su cola, la cual tenía cierto parecido a la glándula uropigial de las aves modernas: produce un aceite para el acicalamiento de las plumas. Con un material aceitoso impermeabiliza las plumas y, que contiene propiedades anti-bacterianas.

Mediante técnicas de cromatografía de gases de pirólisis y espectrometría de masas, el equipo descubrió que era diferente de las otras partes fosilizadas del ave o del material oleoso que se había encontrado en ella. Se parecía a la composición de las glándulas uropigiales actuales. 

Para verificarlo, se tomaron muestras de lo que parecían ser glándulas de prensión del fósil y sus plumas; además de muestras del sedimento de esquisto bituminoso en el que se había encontrado para comparar. También recolectaron muestras de glándulas frescas de aves actuales.

El perfil de la estructura fósil similar a una glándula era muy diferente al de las plumas o sedimentos, pero mucho más similar a las muestras modernas de glándulas de aves.

Es sorprendente que los tejidos hayan podido perdurar tanto tiempo y que el equipo haya podido identificarlos.

El ave, según el equipo, tiene el tamaño de un wren moderno (12-14 cm), parece ser de una especie no identificada, posiblemente perteneciente a la familia Messelirrisoridae. Poseía un pico largo y vivía en un bosque en lo que hoy es el centro de Alemania. Los investigadores sugieren que probablemente pasó su vida entre los árboles en lugar de buscar comida en el suelo.

Fuentes: ScienceDaily, PHYS ORG, Genetic Literacy Project

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