
Nuestro cerebro necesita comer de este azúcar para la denominada oxidación catabólica. Un proceso que lleva a cabo un conjunto de reacciones que tienen lugar en las células del organismo, el cual llamamos metabolismo. El mismo consume 5,6 miligramos de glucosa por cada 100 gramos de tejido cerebral por minuto, ni que decir tiene que es primordial ya que las neuronas dependen de esta sustancia. Pero la musculatura también puede hacerse valer de la oxidación de los ácidos grasos, algo que sin embargo nuestro querido cerebro no, se nutre casi exclusivamente de glucosa para su funcionamiento. De hecho, las funciones cerebrales requieren de un continuo suministro de oxígeno y glucosa y cuando esta disminuye por debajo de cierto límite las funciones cerebrales se alteran y podrían llegar a producirse pérdidas de memoria y coma. Nuestro organismo para evitarlo en el caso de la no ingesta de glucosa, lo sintetiza a través del hígado a partir de proteínas, por un proceso al que denominamos gluconeogénesis. Pero a pesar de que el cerebro solo ocupa el 2% de peso corporal, gasta un 20% de la energía total de glucosa fabricada por el organismo: digamos que es su principal consumidor.
¿De donde obtenemos la glucosa? No hay que tomar dulces para que nuestro organismo cuente con la cantidad necesaria, un tópico para que la industria de alimentación comercialice los productos. "Pero pongamos en situación que una persona hace una dieta libre en azúcar, no habría ningún problema". Además de obtenerla a través de la alimentación, nuestro cuerpo puede sintetizarla a partir del glucógeno, un polisacárido almacenado en el hígado y músculos, pero en menor cantidad.

Fuentes: DM Especialidades, Heraldo, El País
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