EL BIOIMPLANTE QUE ESTÁ SALVANDO VIDAS

Por primera vez en la historia de la medicina, el corazón de un paciente comienza a regenerarse tras sufrir un infarto cardíaco gracias a una gran obra de bioingeniería. En este caso, nos encontramos ante un bioimplante de células madre procedentes de un cordón umbilical, sin duda, todo un éxito rotundo de la ciencia española sin precedentes. Aunque aún quede mucho trabajo por hacer, los resultados son muy ilusionantes y esperanzadores.

Seis meses después de ser intervenido quirúrgicamente (mayo de 2019), el paciente de 70 años de edad, “ha pasado de no salir prácticamente de casa y ahogarse en pequeños esfuerzos a venir a la consulta andando”, explica entusiasmado Antoni Bayés-Genís, máximo responsable del equipo de investigación en enfermedades cardiovasculares del Hospital Germans Trias de Barcelona (ICREC).

“Como el propio paciente reconoce, ya hace 10 años, su expectativa de vida era muy corta y con limitaciones en su día a día”, dice Bayés-Genís cuyo problema principal se trataba su insuficiencia cardíaca; pues al producirse un infarto de miocardio, el pierde fuerza para latir por consecuencia de la muerte de las células de esta área, la cual queda lesionada ya que deja de recibir sangre procedente de las arterias coronadas. En otras palabras, el área afectada de este órgano queda necrosada o muerta y tal y como dice el jefe de investigación, a día de hoy, aún no hay solución posible en la práctica clínica.

En estos últimos años, ha empezado a darse a conocer una vía que en ratones había conseguido formar un conjunto de vasos sanguíneos en el área necrosada consiguiendo así reoxigenar la zona. Esto se consiguió a partir de células madre mesenquimales procedentes de un cordón umbilical. Más tarde, el grupo de investigadores españoles ha conseguido demostrar la validez de este tratamiento también en cerdos en el que se reducía el tamaño de la cicatriz y por consiguiente, la mejora del funcionamiento cardíaco.

Muchos de vosotros os estaréis preguntando cómo se llevó a cabo este tratamiento, pues bien, se realiza a partir de un pericardio humano el cual se vacía de células para después enriquecerlo con las mesenquimales del cordón umbilical en cuestión. De ahí proviene su nombre “PeriCord”, el cual obtuvo de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios (AEMPS) a finales de 2018 el permiso para su uso en seres humanos.

Con esta nueva concesión para llevar a cabo el tratamiento, el salto del paciente a la clínica se pudo dar el pasado mes de mayo en el Hospital Germans Trias. Se trataba de un varón de 70 años de edad con insuficiencia cardíaca y un área necrosada del corazón similar al tamaño del bioimplante (4x4 centímetros aproximadamente). Además, “requería una operación a pecho abierto para colocar bypass, así que aprovechando esta cirugía procedimos a la intervención, que es como un trasplante parcial de corazón”.

Anteriormente, el bioimplante en cuestión se preparó con ayuda del Instituto de Bioingeniería de Catalunya (IBEC) y en las salas del Banco de Sangre y Tejidos (BST). Para ello, se procedió a eliminar las células del pericardio que había sido donado por una persona anónima, quedando sólo la matriz; una membrana flexible, porosa y gruesa donde quedaron almacenadas más tarde las células mesenquimales del cordón umbilical. Por sorprendente que pueda parecer, tan sólo en unas seis u ocho horas, estaba listo el parche que se iba a colocar en el paciente, aprovechando así la intervención quirúrgica para poner también los bypass.

En estudios previos a este, se comprobó que al administrar estas células mediante inyecciones en el propio miocardio o por vía intravenosa, las células morían antes de producir algún beneficio o se dispersaban hacía otros órganos diferentes. Sin embargo, las células introducidas en el paciente se desplazan directamente al tejido cardíaco sin sufrir desviación ninguna, pues gracias a esta matriz, las células viajan y actúan directamente sobre la zona interesada, es decir, sobre la zona infartada.

Cabe destacar que esta es la primera vez que se lleva a cabo una operación de esta magnitud a nivel mundial y ahora toca hacer seguimiento de su evolución. Según los resultados de la resonancia magnética, tres meses después de la operación, la cicatriz se había reducido un 10%, lo que es un resultado muy importante según dice Bayés-Genís.

"Este tipo de células ha demostrado tener una gran plasticidad y pluripotencia, es decir, tienen una enorme capacidad de convertirse en distintos tipos del células del cuerpo humano. Además, poseen importantes propiedades inmunomoduladoras y antiinflamatorias", señala el cardiólogo.

Según apunta Bayés-Genís, de no haber sido por esta alternativa, al paciente se le habrían colocado bypass para intentar hacer de puente y de esa manera, mejorar la circulación sanguínea aunque si estos no hubieran funcionado, el paciente en cuestión habría precisado de asistencia ventricular mecánica para poder realizarle un trasplante.

De momento, este tratamiento regenerador del tejido cardíaco no es aún más que un ensayo clínico. A lo largo de esta semana, otro paciente de características similares va a ser sometido a la misma intevención con el bioimplante. “La idea a partir de ahora es continuar el ensayo de forma aleatoria, prospectiva y controlada hasta hacer un total de 12 operaciones con el parche de células madre, si se confirma la capacidad reparadora en humanos, podríamos remitir complicaciones habituales derivadas de estas cicatrices como la insuficiencia cardiaca” ha indicado finalmente el jefe de investigación.

Este proyecto ha sido posible en gran parte al apoyo del departamento de Salud de la Generalitat de Cataluña, el Instituto de Salud Carlos III y el apoyo financiero de “la Caixa”.

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