RUMBO A UN NUEVO CLIMA EN EL ÁRTICO

Según un nuevo estudio científico, las condiciones frecuentes del Ático como el hielo y la nieve, se están transformando en mar abierto y lluvia, condiciones no propias de esta región, pero que cada vez son más típicas. Esto no ocurre de la nada, sino que es una de las muchas y graves consecuencias que está dejando el calentamiento global en nuestro mundo. 

Como podemos ver, en este caso los efectos del calentamiento global en el Ártico son tan graves que la región está cambiando a un clima diferente y no propio de dicha zona, uno que se caracteriza por menos hielo y nieve, con más lluvias y mar abierto, según dijeron ciertas científicas el pasado 14 de septiembre.

Según las investigadoras, el océano helado en el Ártico ha disminuido a tal punto que, incluso en un año de extremas temperaturas gélidas, no se produciría tanto hielo como era usual en décadas pasadas. No obstante, las temperaturas típicas de la temporada y el número de días con lluvia en vez de nieve, están cambiando también bruscamente.

El Ártico es una de las zonas que están siendo más afectadas por el cambio climático, con aumentos drásticos de temperaturas, el derretimiento del permafrost y otros efectos además de la reducción del hielo marino. El estudio, de Laura Landrum y Marika M. Holland del Centro Nacional para la Investigación Atmosférica en Boulder, Colorado, es un intento de poner en contexto lo que ocurre en esa región.

Con base en años de datos obtenidos de la observación de la región, las investigadoras descubrieron que el hielo marino ya tiene un nuevo clima: la extensión del hielo en años recientes es mucho menor a lo que se habría esperado.

Las simulaciones que compararon las temperaturas del aire del otoño y el invierno, así como los días de lluvia con los días de nieve hace que se espere que el cambio de clima definitivo ocurra a mediados de este siglo. En general, “estamos llegando a un punto en el que no sabremos qué esperar”, dijo Landrum.

El nuevo estudio se basa en trabajos similares previos que analizaban menos elementos climáticos, según explicó Jennifer Kay, climatóloga de la Universidad de Colorado que no participó en la investigación. “Es positivo ver que todas esas variables se discutan”, dijo Kay.

Pero los científicos han sabido con bastante anticipación que la región atravesaba por cambios decisivos. Le llamamos el nuevo Ártico porque ya no es el mismo.

Las comunidades del Ártico ya están sufriendo por los cambios, según explica Landrum. Otros cambios están afectando el suministro de alimentos. Tormentas más cálidas que generan lluvia en terrenos nevados, por ejemplo, pueden causar la inanición de animales que son fundamentales para los grupos indígenas de la zona.

Landrum afirma que los modelos climáticos empleados en el estudio simularon un mundo futuro donde las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del calentamiento del planeta, permanecían altas. Eso permite cierto margen de optimismo, añadió. “Aún tenemos la oportunidad de cambiar qué tan rápido evoluciona el Ártico, si modificamos nuestras emisiones”, dijo la científica.

Otro estudio publicado el lunes 14 de septiembre sugiere que dos glaciares antárticos que durante mucho tiempo han preocupado a los científicos por la posibilidad que tienen de contribuir al aumento del nivel del mar pueden estar en peores condiciones de lo que se había previsto.

Los glaciares Thwaites y Pine Island son ríos de hielo, que se mueven lentamente desde la capa de hielo de la Antártida Occidental, en la parte interna del océano, donde se derriten y provocan un aumento en el nivel del mar. En décadas recientes, el movimiento de los dos glaciares se ha acelerado, lo que ha producido más pérdida de hielo desde el interior, en gran parte debido al derretimiento causado por el agua más cálida que circula debajo de los glaciares. Sin embargo, incluso con la aceleración, el deshielo de esta parte de la capa de la Antártida Occidental podría tardar siglos.

En la nueva investigación, publicada en Proceedings of the National Academy of Sciencies, se analizaron imágenes satelitales que mostraron grietas y otras evidencias de daño en las capas heladas de los glaciares, los bordes más prominentes que flotan en el agua.

Esta evidencia de daños, es la primera señal de un debilitamiento estructural de las capas de hielo, un proceso que puede desencadenar la desintegración de esas capas y un flujo más rápido del agua de los glaciares hacia el océano. Los autores indicaron que la incorporación de estos procesos de daño a los modelos del comportamiento de la capa helada es esencial para realizar evaluaciones más precisas sobre el posible aumento del nivel del mar.

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