LOS TOMATES Y SU LUCHA CONTRA EL PARKINSON

Hace aproximadamente 49.000 años, en una cueva asturiana llamada El Sidrón, los neandertales que habitaban aquella zona encontraron una fuente natural de ácido salicílico procedente de la corteza del  álamo que resulto ser el principio sedante de la aspirina y el Penicillium, un hongo cuyas propiedades eran antibióticas y estos individuos las usaban para sus beneficios. Desde este momento, el ser humano ha tratado de encontrar más tipos de hongos que nos sirviesen para tratar nuestros problemas de salud o para avanzar en la ciencia, pero debido a los avances desde esa época hasta la actual han permitido que podamos conseguir lo que necesitamos del mundo vegetal sin salir a buscarlo.

Principalmente, los recientemente presentados tomates del John Innes en Reino Unido. Específicamente, Cathie Martin y su equipo presentaron una tomatera (Solanun lycopersicum) que fue sometida a modificación genética y ha producido L-DOPA (levodopa) también conocida como L-3,4- dihidroxifenilamina, ha sido la principal terapia para el Parkinson desde que se estableció como fármaco en 1967. En el mercado, esta sustancia ha sido vendida en una cantidad de 205 toneladas, que es equivalente a 101 millones de dólares, según la Organización Mundial de la Salud (OMS) es uno de los medicamentos más usados a nivel mundial.

La enfermedad del Parkinson cada vez es más común y afecta a toda la población mayoritariamente en la vejez y esto es un problema respecto a la longevidad. A pesar de ser una enfermedad que ocurre en todo el mundo, no todos los países tienen la infraestructura logística suficiente como para fabricar este medicamento, pero con suerte, puede conseguirse de elementos naturales como el tomate o la remolacha. La sustancia es extraída de la tirosina, se encuentra en diversos alimentos y procede de los glúcidos.

Al conseguir esta sustancia sintéticamente, destacan los investigadores de este proyecto en el John Innes Centre, que evitaría muchos efectos secundarios que se producen al consumir este medicamento como las nauseas o los trastornos del comportamiento. En conclusión, esta modificación transgénica ayudaría sin duda a combatir la enfermedad de Parkinson y a mejorar la alimentación.

Fuentes: Xataka, Science Direct

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