SISTEMA INMUNE Y ALCOHOL

Un estudio realizado entre el Instituto de Neurociencias, el CSIC y el Instituto Central de Salud Mental de la Universidad de Heidelberg ha observado cómo el alcohol crea adicción. En este estudio han concluido que esta droga aumenta su capacidad adictiva modificando la geometría de una parte del cerebro conocida como sustancia gris. Este equipo de investigación ha propuesto un mecanismo de adicción desconocido hasta entonces.

Según han podido comprobar, las células del sistema inmune que residen en el cerebro, llamadas microglías, son las responsables de este cambio de geometría en la sustancia gris. El alcohol produce una activación de las células de defensa y esto hace que cambien su forma y sus características bioquímicas. A su vez, esta activación altera la geometría del espacio extracelular y crea rutas de difusión de sustancias que permanecen limitadas cuando no hay consumo de alcohol.

Este espacio extracelular está formado por los huecos y canales que dejan libres los cuerpos celulares y sus densas ramificaciones citoplasmáticas, como son las dendritas y los axones de las neuronas. Además está ocupado por líquidos y proteínas. En este líquido extracelular circulan sustancias que son fundamentales para muchos procesos fisiológicos. Lo que estos científicos han observado es que cuando se reducen sus numerosas ramificaciones se eliminan las barreras para la difusión y habilita así las rutas bloqueadas.

Tras este paso, lo siguiente es averiguar si este efecto se produce por la acción del alcohol sobre la microglía o en cambio lo hace de forma indirecta a través de intermediarios. Estos podrían ser el hígado o la microbiota intestinal.

En 2019 este mismo grupo de investigadores realizó un estudio previo y demostró que el alcohol continúa dañando el cerebro tras dejar de beber. Pese a esto, en este estudio no podían comprobar por qué el efecto del alcohol reflejaba un aumento de la difusividad.

Esta incógnita se resuelve en un estudio posterior en el que demuestran que el aumento de la difusividad se debe a la activación de las células inmunes del cerebro. Esto tendría un efecto importante sobre los neurotransmisores que se propagan abundantemente, como es el caso de la dopamina. Estos neurotransmisores son fundamentales para el funcionamiento del sistema de recompensa del cerebro.

En este estudio se demuestra que hay una mayor difusividad en la materia gris de los seres humanos y ratas que beben alcohol habitualmente. Estas alteraciones aparecen poco después de consumir alcohol en ratas y persisten en la abstinencia temprana en roedores y en humanos. Además se asocian con una gran disminución de las barreras del espacio extracelular debido a una reacción de la microglía a un agente agresor como es el alcohol.

El aumento de la concentración y el alcance espacial de los neurotransmisores puede convertir las propiedades gratificantes del alcohol en efectores en la formación de hábitos de consumo que normalmente conduzcan a la adicción en algunas personas. Revertir estos cambios podría ayudar al desarrollo de tratamientos más eficaces.

Fuentes: CSIC, Science

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