LA GOTA DE LA VIDA


El origen de la vida es un tema controvertido que ni siquiera los científicos más prestigiosos de toda la historia han sido capaces de resolver con seguridad debido a la complejidad que alberga el estudio de este. El origen de la vida se dio hace miles de millones de años y en unas condiciones muy particulares, por lo que confirmar exactamente cuales fueron esas condiciones es complejo como poco. Pese a esto, gracias a la tecnología y al conjunto de experimentación de la actualidad, cada vez nos vamos acercando más a una respuesta más o menos acertadas, desentrañando secretos y resolviendo incógnitas que nos alejan de la verdad. 

Existen distintas teorías para la cuestión de cual fue el origen de la vida, una de ellas siendo que el origen de la vida se dio en el agua, por ejemplo, la teoría de la sopa primordial, donde en un charco de agua se encontraban los elementos necesarios para que, mediante reacciones químicas presumiblemente aleatorias, se formaran los primeros compuestos bioquímicos que darían lugar a biomoléculas y estas irían aumentando en complejidad hasta formar la primera célula capaz de autorreplicarse. Recientemente, una investigación llevada a cabo en la Universidad de Hiroshima en Japón por los especialistas Muneyuki Matsuo y Kensuke Kurihara y publicada en la prestigiosa revista científica Nature Communications, da aún más apoyo a esta teoría.


El experimento consistió en comprobar cómo podrían ser las células originales, y esto se estudió mediante la coacervación, que a su vez consiste en la mezcla de derivados de aminoácidos en ciertas condiciones ambientales los cuales se reorganizarán formando pequeñas gotas llamadas gotas coacervadas. Estas gotas absorberán otros elementos cercanos relacionados con proteínas, volviéndolas inestables hasta romperse formando algo similar a la gota original. La repetición de este proceso junto con las condiciones ambientales del momento darían lugar a las primeras células capaces de reproducirse. Además, estas gotas podían crecer al absorber elementos del medio, pudiendo llegar a formar ácidos nucléicos que les ayudarían en su supervivencia alargando su vida protegiéndolas de estímulos externos.

Fuentes: Berkley University of California, Tendencias21




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